
La primera expedición partió en el año 2067. Estaba formada por apenas diez hombres y diez mujeres con la misión de establecer un asentamiento permanente y ampliarlo para recibir futuras expediciones.
A ese primer viaje sucedieron otros, cada vez más frecuentes, hasta que el asentamiento inicial fue insuficiente para todos y los recién llegados tenían que continuar y crear nuevas estaciones en las que habitar. Igual que siglos atrás habían hecho los comerciantes de especias, los traficantes de esclavos o los buscadores de oro, los colonos abrían nuevas rutas y se expandían ahora por sistemas solares y galaxias cada vez más lejanas a la búsqueda de recursos para hacer fortuna.
Poco a poco, los viajeros se fueron transformando para adaptarse a los nuevos hábitats. Algunos desarrollaron la piel hasta transformarla en una gruesa corteza gris con la que protegerse de las altas temperaturas, mientras que otros seres que vivían siempre en oscuridad perdieron los ojos y tornaron su capa exterior traslúcida, exhibiendo el funcionamiento de los órganos en su interior. En la mayoría de los casos el oxígeno dejó de ser necesario y también muchos de ellos simplificaron sus aparatos digestivos para nutrirse simplemente con comprimidos pequeños y fáciles de transportar. Otros en cambio conservaban viejos libros de recetas que pasaban de generación en generación y que soñaban con volver a realizar algún día como un legendario revuelto de bacalao que hacían antiguamente en una tierra llamada Portugal.
El tiempo dejó de medirse en años y se hizo tridimensional porque algunos de ellos hicieron fortuna transportando viajeros y cargamentos por agujeros de gusano que conectaban diferentes planetas y distintas épocas.
En esta red de transporte por el espacio y el tiempo uno de los destinos más solicitados era La Tierra en el Año de la Última Expedición, al que estas nuevas especies acudían como turistas a un parque temático para observar, entre la sorpresa y la diversión, cómo sus últimos habitantes se aniquilaban entre sí hasta la extinción, el silencio y la calma.
Receta de Bacalhau a Bras
Ingredientes para cuatro personas:
- 400 gramos de bacalao (puede ser en migas o en lomo)
- 400 gramos de patata
- 4 huevos
- 1 cebolla
- 3 dientes de ajo
- Perejil fresco
- 10 ó 12 aceitunas negras (para decorar)
- Aceite de oliva virgen extra
1.- Lo primero que haremos será preparar el bacalao. Si está en salazón, habrá que desalar previamente. Para ello lo lavamos para quitarle la sal y lo colocamos durante 48 horas en un tupper tapado en la nevera, cubierto de agua y cambiando el agua al menos dos o tres veces al día. Si compramos el bacalao ya en su punto de sal nos evitaremos este primer paso.
2.- Una vez desalado el bacalao, lo hervimos en agua caliente durante dos minutos y lo sacamos y reservamos hasta que se enfríe. Tanto si son migas de bacalao como uno o dos lomos, cortamos y desmenuzamos para que queden trozos pequeños que luego combinen bien con las patatas. Reservamos.
3.- Tras el bacalao, preparamos las patatas. Las pelamos y cortamos como patatas paja, lo más fina posible. Una vez cortadas, las introducimos en agua fría durante diez minutos y transcurrido este tiempo las sacamos, secamos bien con un paño de cocina y freímos en aceite de oliva pero sin que lleguen a dorarse. Reservamos.
4.- Una vez preparado el bacalao y las patatas, comenzamos con la elaboración final para combinar todos los ingredientes. Para ello, pelamos la cebolla, la cortamos en juliana y pochamos en una sartén grande con un poco de aceite a fuego medio.
5.- Pelamos y laminamos los ajos, y los incorporamos a la sartén para freírlos junto con la cebolla.
6.- Cuando la cebolla y los ajos estén fritos, con una espátula los desplazamos hacia un lado de la sartén y en la parte central freímos ligeramente el bacalao durante dos o tres minutos.
7.- Transcurrido este tiempo añadimos las patatas pajas y removemos junto con el bacalao. Integramos ahora también con la cebolla y el ajo y removemos todo el conjunto durante otros dos minutos aproximadamente.
8.- Mientras tanto, batimos los huevos en un recipiente y una vez batidos los incorporamos a la sartén. Añadimos sal y pimienta al gusto, con cuidado de no pasarnos, y movemos todos los ingredientes hasta que el huevo quede con la textura deseada, preferentemente no muy hecho, ya que con el calor del cocinado se acabará de hacer.
9.- Servimos en una fuerte amplia, decoramos con el perejil y las aceitunas negras.
10.- Disfrutar esta delicia portuguesa.