
Cuentan que en la antigüedad el saber y la memoria eran atributos de las personas. Eran los mayores quienes atesoraban principalmente la sabiduría y las normas de la tribu, que se transmitían oralmente; eran imprescindibles para la supervivencia, individual y colectiva.
Con los papiros y los libros, el saber empezó a almacenarse en las bibliotecas. Millones de libros albergaban todo tipo de conocimientos, desde el movimiento de los astros en el universo hasta deliciosas recetas de polvorones.
Así la memoria dejó de ser imprescindible, como los mayores. Ambos empezaron a ser arrumbados, al principio de una forma casi inconsciente, pero con el tiempo con una actitud grosera e indolente.
Con los libros el saber creció tanto que fue necesario desarrollar un sistema para gestionarlo y surgieron ordenadores. Las bibliotecas dejaron de ser visitadas y los libros acumulaban polvo abandonados en estanterías, igual que los mayores en residencias.
Fue una época en la que las personas veían y conocían el mundo a través de los ojos de esos ordenadores que habían conquistado la sabiduría.
Algunas personas aún leían libros y se reunían para contar y guisar antiguas recetas de gazpacho, pan o cocido caseros, rebeldes ante la simetría de los polvorones vomitados mecánicamente por empoderadas máquinas alimentadas por personas. Pero las personas, ya de cualquier edad, se habían hecho prescindibles y siguieron la misma suerte que la memoria, los mayores y los libros, vegetando dentro de geométricas formas de hormigón y cristal que los aislaban de la infinitud de formas imprevisibles que una vez tuvo el planeta.
Para las personas, la esclavitud se convirtió en la única herramienta para la supervivencia y así vivieron sus últimos años.
Eso fue hace mucho tiempo.
Ahora, es nuestro turno.
Receta de polvorones
Os recomendamos esta receta de polvorones caseros como rebeldía ante los sabores y las formas siempre iguales de los polvorones industriales.
- 1 kg. de harina de repostería
- 500 gr. de manteca de cerdo
- 400 gr. de azúcar glacé
- 1 pellizo de sal fina
- 250 gr. de almendra cruda pelada
- Opcional para aportar matices a la almendra: 1 cucharada de postre de canela, que se puede sustituir por otros ingredientes como cáscara de limón rallada, chocolate, etc.
1.- El primer paso será tostar la harina y las almendras. Para tostar la harina, la colocamos sobre un papel de hornear en la bandeja de horno lo más extendida posible y horneamos a 180 grados unos treinta minutos aproximadamente, hasta que empiece a estar color caramelo. Transcurrido este tiempo la sacamos, la vertemos en un bol y removemos bien con un tenedor para enfriarla y separarla.
2.- A continuación tostamos las almendras, también a 180 grados y entre doce y quince minutos, aunque el tiempo dependerá de la potencia de nuestro horno; hay que sacarlas cuando empiezan también a estar ligeramente tostadas. Finalizamos la elaboración de las almendras esperando a que se enfríen y triturándolas todo lo posible con una batidora o preferiblemente un robot de cocina.
3.- A continuación mezclamos bien todos los ingredientes hasta que quede una masa homogénea. Debe quedar todo perfectamente integrado, con una masa fácil de manipular. La dejamos en un bol o un tapper, lo tapamos y dejamos que repose en torno a una hora.
4.- Transcurrido el tiempo de reposo, enharinamos la encimera, colocamos sobre ella la masa y extendemos con un rodillo de cocina hasta que quede con 1 cm. de altura. Es importante que no quede más alta, ya que es más agradable y fácil comer de un bocado.
5.- Una vez extendida, con un molde de postre (ovalado o redondo, preferiblemente, y que tampoco sea muy grande) vamos cortando los polvorones y los colocamos sobre un papel de horno ya colocado en la bandeja del horno. Antes de hornear, damos forma a toda la masa. Los picos que nos vayan sobrando los volvemos a amasar y estirar con el rodillo, para aprovecharlos. Importante: colocar todos los polvorones en papel de hornear, para llevarlos después al horno.
6.- Calentamos el horno a 210 grados y cuando alcance esta temperatura introducimos los polvorones; cocemos entre 10 y 12 minutos, en función de nuestro horno, ya que hay que sacarlos antes de que se tuesten.
7.- Con mucho cuidado retiramos el papel de horno de la bandeja y colocamos otro, con la segunda tanda de polvorones; es recomendable que nos ayude alguien en ambas operaciones, ya que si no, es posible que se rompan los polvorones.
8.- Esperamos que se enfríen por completo, ya que así son más fáciles de manipular, echamos azúcar glacé por encima para decorar y… aquí la receta de polvorones de nuestros mayores.