
La vida secreta de las ciudades late bajo su piel de asfalto con un pulso ignorado e imperceptible que circula invisible por senderos sin luz y pozas oscuras habitadas por seres perseguidos en la superficie.
Su sangre late a caudales por gruesas arterias y hasta la ciudad más pequeña cuenta con cientos de kilómetros de nervios y terminaciones para transmitir impulsos, movimientos e información a cualquier rincón de la superficie que inmediatamente lo devuelve para que los latidos no se detengan.
El pulso secreto de las ciudades emana de grandes corazones artificiales alejados de ellas para no vulnerar el anonimato y hacerlos sentir prescindibles, para que no perciban cómo la fuerza de sus impulsos hace llegar el oxígeno de forma casi inmediata a través de miles de ramificaciones a millones de terminaciones.
Es la vida secreta de las ciudades la que permite calentarse a los seres de la superficie, recolectar espinacas y cocer garbanzos para alimentarse, beber agua y hasta acabar con la oscuridad. Por eso cuando el pulso de las ciudades se detiene, se detiene todo y la oscuridad, el silencio y el frío se extienden imparables, y con ellos los seres que un día fueron desterrados de la superficie.
Receta de espinacas con garbanzos
- 2 manojos de espinacas naturales, o una bolsa de espinacas congeladas de 1 kg.
- 300 gramos de garbanzos cocidos, o un bote si no queremos cocerlos
- 8 dientes de ajo
- 2 rebanadas de pan
- 1 cucharada sopera de pimentón dulce
- 1 cucharada sopera de comino molido
- 1 lata pequeña de tomate natural triturado
- Si queremos darle un toque picante, 2 guindillas
- AVOE
1. En una sartén de base amplia cubrimos el fondo con aceite de oliva virgen extra, lo calentamos y freímos en él a fuego medio, para que no se quemen, cuatro dientes de ajo partidos por la mitad a lo largo. Cuando estén dorados por ambos lados, retiramos y vertemos en un vaso para batidora.
2. En ese mismo aceite freímos por ambos lados las dos rebanadas de pan, igualmente hasta que estén doradas y sin quemarse, tras lo que las añadimos también al vaso de la batidora.
3. A continuación, en el mismo aceite freímos las guindillas -si optamos por darle el toque picante- y los cuatro dientes de ajo restantes, esta vez cortados en láminas; antes de que empiecen a dorarse añadimos el comino molido y el pimentón, removemos rápidamente para que no se queme y añadimos rápido la lata de tomate triturado.
4. Movemos unos minutos e incorporamos las espinacas troceadas, salpimentamos y añadimos agua justo hasta cubrir las espinacas. Hay que tener en cuenta que reducirán su volumen sobre todo si son espinacas naturales, por lo que no conviene añadir demasiada agua.
5. Si son naturales, en pocos minutos, apenas cinco o seis hirviendo, estarán listas. Si son congeladas, seguir las indicaciones del paquete para cocinarlas.
6. Una vez cocinadas, añadimos cinco o seis cazos del agua de la cocción al vaso de la batidora, y batimos bien los ajos y el pan frito hasta que no queden grumos.
7. Añadimos el contenido del vaso a la sartén y cocinamos todo el conjunto unos minutos más hasta que la salsa espese y quede ligada con las espinacas. En ese momento añadimos también los garbanzos y esperamos unos minutos para que se integre todo.
8. Probamos de sal y especias por si hay que corregir algo.
9. Disfrutar de este clásico de la cocina de aprovechamiento.