
Los antiguos griegos consideraban la calabaza como un alimento con propiedades antiafrodisiacas, creencia que se extendió a lo largo del tiempo y cuentan los más viejos del lugar que en la Edad Media los monjes mascaban pipas de calabaza para alejar los pensamientos eróticos. A esta concepción se atribuye también la expresión “dar calabazas” a alguien, con el fin de reducirle el deseo y las pretensiones amorosas y/o sexuales.
Con este currículum no es de extrañar que la pobre calabaza carezca de un club de fans dispuesto a defenderla a capa y espada en cualquier contexto y situación, y que en la actualidad su cara más visible sea la de las caricaturas que hacemos con ellas en la víspera del día de todos los santos.
Reducir la calabaza a un simple adorno o denostarla por sus supuestas propiedades antiafrodisiacas es, sin duda, una auténtica injusticia. Y es que en el otro lado de la balanza se sitúa un hecho incontestable: la calabaza ofrece platos como la boronía, una manifestación de la cocina tradicional, que ha ido puliendo y diseñando este plato hasta consagrarlo como una maravilla sin más secretos que un buen sofrito y una combinación adecuada de especias.
De todas las utilidades de la calabaza, ésta es nuestra preferida.
1.- Cocer la calabaza
El primer paso para elaborar la boronía será pelar y cocer la calabaza en cubos de tamaño medio. Para que salga un plato de boronía para una familia de 4 ó 5 miembros, calculamos en torno a 1 kg de calabaza. No hace falta cortarla en trozos muy pequeños porque al final, cuando la incorporemos al sofrito y según la vayamos removiendo, se irá desmenuzando. Una vez cocida la calabaza, la reservamos.
2.- Sofrito
El sofrito será la base de la boronía; para elaborarlo cortamos dos cebollas grandes (o tres pequeñas, al gusto) y freímos en una sartén grande. Incorporamos dos o tres guindillas para darle un toque de picante –para nosotros fundamental-, una buena cucharada de pimentón y en seguida tomate frito para que no se queme el pimentón. Removemos y listo.
3.- Agregar la calabaza
Una vez preparado el sofrito, añadimos la calabaza e incorporamos la sal (habrá que ir poco a poco y probarla hasta alcanzar el punto deseado), pimienta negra recién molida y, en nuestro caso, agregamos también comino molido al gusto. Se mezcla todo bien y estamos ante un plato de referencia de nuestra cocina tradicional.
4.- Complementar con…
Por supuesto con garbanzos cocidos; es la opción más habitual y con la que completamos un gran plato; los garbanzos se añadirían justo después de la calabaza y si son cocidos por nosotros –no de bote- mucho mejor porque habremos evitado conservantes, etc., etc.
Y un plus para los más hambrientos: servir la boronía con un huevo frito.