Solomillo en adobo

Hace unos años se incorporó a nuestra familia un cachorrillo de perro muy peludo, parecido a un pequeño Chiwaka, que cuando llegó tenía una oreja hacia arriba y la otra hacia abajo. Tras unos meses, sin urgencias, acabó teniendo las dos orejas levantadas y puntiagudas y es que el tiempo, sin prisas, suele poner las cosas en su lugar.

Solomillo en adobo

En una época en la que la inmediatez marca los ritmos y éstos son cada vez más acelerados, la cocina se abre como un espacio para la calma y la pausa, para darle tiempo al tiempo en todas sus dimensiones: la experiencia, la paciencia, respetar cada cocción, esperar el punto deseado, la transmisión de recetas de generación a generación… 

Este libro no es precisamente de comida rápida por eso el ingrediente principal de este lomo adobado es… el tiempo.

Receta de solomillo en adobo:

1.- En nuestra carnicería de confianza del mercado, del barrio, del pueblo… compramos un lomo de cerdo para cada cuatro personas, aproximadamente.

2.- Y en la frutería compramos romero, tomillo y orégano, cuanto más frescos, mejor. Para el adobo también necesitaremos pimentón dulce; si no lo tenemos ya en casa de calidad, mejor comprar uno top.

3.- Adobamos los solomillos: para ello, hacemos una mezcla con aceite, pimentón (abundante, al menos tres o cuatro cucharadas por solomillo), romero, tomillo y orégano, e impregnamos con ella los solomillos por toda su superficie.

4.- Salpimentamos los solomillos, ya adobados, por ambos lados.

5.- Tiempo: disponemos los solomillos en una fuente, tapamos y los dejamos reposar en la nevera unas 24 horas para que las hierbas impregnen de sabores la carne.

6.- Al día siguiente, tan sólo nos queda cocinarlos: en una fuente apta para horno colocamos patatas cortadas en rodajas gruesas, salpimentamos y las ponemos al horno hasta que estén tiernas. Cuando están tiernas, ponemos encima los solomillos y cocinamos al horno unos quince minutos (a unos 200 grados, aproximadamente).

7.- Con quince minutos no están cocinados por dentro; lo que hacemos es cortar los solomillos en rodajas gruesas, como de unos dos centímetros cada una, y volvemos a introducir al horno, hasta que veamos que están ya hechos (unos diez o quince minutos como referencia, aunque dependerá de cada horno).

Si los ingredientes son de calidad, sobre todos las especias, conseguiremos un plato con gran potencia y riqueza de sabores que, gracias al tiempo, se habrán fundido como por arte de alquimia en algo más valioso que el oro porque podremos compartirlo y disfrutarlo con familia, amigos y hasta con Chiwaka.

Tiempo al tiempo.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.