
“Al principio sólo fueron las palabras; ellas ayudaron a dar forma y entender el mundo.
Después, a las palabras se le unió la capacidad de generar imágenes; imágenes del pasado y del futuro, reales e inventadas, de nosotros mismos, de cómo nos gustaría ser, y también de los demás y de cómo nos gustaría que nos vieran.
Con el tiempo esa acumulación de imágenes, inicialmente inconexas entre sí, se transformó en una red, en un lenguaje propio e independiente que acabó por enmudecer a las palabras.
Hasta que esa galería de imágenes se apropió de los colores y se desligó de la realidad de la que provenía, apagándola con un tono gris.
Al final quedaron sólo imágenes y deseos».
Agnes le daba vueltas a estas ideas tras salir del hotel el día en que se fijó en su cuerpo desnudo en el espejo de la habitación y al verse reflejada decidió no volver a citarse con su amante.
Había quedado para almorzar con Laura y Milan en un restaurante de moda que se había diferenciado por ofrecer platos tradicionales. Se sentaron a la mesa y encargaron carrillada, vino tinto y macedonia de frutas. Agnes estaba ajena, Laura hablaba atropelladamente y Milan observaba.
Llovía y los cristales estaban empañados. A través de ellos las formas del exterior se diluían y se confundían unas con otras. La calle se percibía borrosa, difuminada y gris.
Receta de Carrillada, para 4 personas
- 1 kg. de carrillada de cerdo
- ½ kg. de zanahorias
- Opcional: setas tipo shiitake
- 1 cebolla grande
- 2 hojas de laurel
- 1 vaso de vino tinto
- 3 cucharadas de aceite de oliva virgen
1.- Cubrimos el fondo de una olla grande y profunda con el aceite de oliva virgen extra, lo calentamos y sellamos en él los medallones de carrillada. Los freímos en varias tandas, a fuego medio-alto, para que no se amontonen uno encima de otro y queden bien sellados y por tanto con todo el jugo en su interior. Una vez fritos, los vamos reservando en un recipiente hasta finalizar con el sellado de todos los medallones. Deben quedar marcados por fuera y crudos por dentro.
2.- En el mismo aceite de haber sellado los medallones echamos la cebolla grande, cortada en trozos pequeños, y freímos unos minutos hasta que empiece a dorarse, a fuego medio para que no se queme.
3.- A continuación incorporamos las zanahorias, que previamente habremos pelado y cortado en rodajas más bien gruesas, porque van a tener bastante tiempo de cocción. Removemos y freímos todo el conjunto unos minutos.
4.- Cuando la cebolla esté ya tierna, pochada, añadimos un vaso grande de vino tinto y subimos de nuevo el fuego para ayudar a que se evapore el alcohol.
5.- Sin que empiece a hervir, volvemos a poner los medallones de carrillada en la olla y cubrimos de agua.
6.- Si queremos incorporar las setas shiitake, o bien champiñones portobello, u otro hongo similar, es el momento de hacerlo.
7.- Añadimos sal y pimienta. Y simplemente, cocemos hasta que la carrillada esté tierna. Podemos hacerla en una olla rápida, que serán unos quince minutos de cocción aproximadamente, o bien con la cocción tradicional, que nos permitirá ir comprobando el punto de la carne, y con la que podemos tardar una hora y media, o algo más.
8.- La clave está en que la carne quede muy muy muy tierna; para comprobarlo introducimos un cuchillo en la carne que debe entrar y salir fácilmente, sin que cueste trabajo.
9.- Pero ojo: que si nos pasamos de tiempo, la carrillada se puede deshacer más de la cuenta.
10.- Ah, y para que espese algo la salsa, podemos sacar varias zanahorias y batirlas junto con un poco de caldo, y devolver a la olla.
Seguro, seguro, que os encantará.